Nuestros padres y la tecnología

Mi viejo y la Compu

tecnologiahorror

Lo tengo de visita a mi querido padre en casa hace unos días. Él está tan alejado de la tecnología como puede un ser humano estar. Y para ser honestos nunca le interesó. Es de esos que en el celular sólo saben apretar el botón grande para atender una llamada. Pero esta vez, estando en Buenos Aires y sin nada para hacer, la ansiedad lo está matando. Y yo trato de entretenerlo con lo que se me ocurre y lo poco que tengo a mano.

Entonces aproveché la oportunidad para acercarlo un poco a mi mundo, el de las computadoras que todo lo hacen y todo lo pueden. Empezamos bajando música de su época para armar un compilado como le había prometido hace tanto y nunca lo había hecho. (por cierto, es increíble lo inocente y poética que era la música en ese entonces, nada que ver con lo de ahora). Tanto la optimista y fiestera, como la romántica y tristona que a él tanto le gusta. Luego lo dejé desconcertado con la cantidad de temas que entran en una memoria micro SD, la que usamos en nuestros celulares. Recordamos mi época de walkman a la cintura y su época de Longplays bajo el brazo. Me contó el asombro que experimentó en su niñez con el nuevo televisor del vecino, o antes de eso la enorme radio que tenía mi abuelo. La llegada de la TV en color, cómo cambió su trabajo el celular, y un largo etcétera de anécdotas de cómo fueron apareciendo las tecnologías a lo largo de su vida.

A la noche probamos hacer una videoconferencia con un par de amigos (uno de ellos en EEUU) a través de Skype. En la opción fullscreen y con dos buenas webcams, el efecto era genial. Después traté de convencerlo de la posibilidad de ponerles internet a ellos y poder hacer lo mismo. Evidentemente la velocidad que ofrecen en mi ciudad natal deja mucho que desear, pero la idea era «si ponemos la compu ahí sobre la mesa, podríamos ‘cenar juntos’ a diario, papá.»

Le mostré también Google Earth, buscamos el techo de mi casa y también la casa del campo en la que él creció: «la casa de los abuelos». Lo asombró tanto ver eso, que inmediatamente llamó a mi abuela y le contó a los gritos (mi abuela está medio sorda): «mami, acá el Neri me está mostrando en su computadora y se ve el techo de la casa de la colonia, la capilla de enfrente, la laguna, todo.»

Por cierto, me parece curioso cómo todas las personas a las que les muestro Google Earth, lo primero que quieren hacer es buscar sus propias casas. Yo en cambio, lo primero que hice cuando recién salió, fue «viajar» lo más lejos que pude, ver exóticas ciudades japonesas, francesas, árabes; sobrevolar África, Australia, Inglaterra, Nueva York, París, Bahamas. Eso dice mucho de nosotros, ¿no?

Le conté cómo la computadora e internet están reemplazando casi todo lo demás. (aunque no me guste admitirlo, yo trabajo, estudio y me divierto frente a una computadora) Que escucho la radio sólo por internet, «una radio que va aprendiendo mis gustos y pasa sólo música que a mí me gusta». Que no miro tele porque con la compu puedo ver lo que quiero… cuando yo quiero. Le conté lo que es la wikipedia y google. Y cómo responden a casi cualquier pregunta que uno tenga. En otra oportunidad le había mostrado partidos de fútbol por internet (no le gustó tanto, teniendo en cuenta que se ve horrible, pixelado, se corta y  va con más de 5 segundos de retraso con respecto a lo que dice la radio). También nos reímos un rato jugando con akinator, la web que adivina en qué personaje famoso estás pensando. Y ya estuvo el listillo que todo lo sabe (o sea, yo) que fue y le arruinó la ilusión explicándole cómo funcionaba)

Después intenté hacerlo jugar al [PES|Pro Evolution Soccer], pero no lo convenció. Le gustaba verlo, pero supongo que le dio vergüenza el posible papelón de intentar manejar el joystick.

Obviamente, sólo con esas cosas mostró interés, seguramente más de un diseñador o programador se va a sentir identificado con esto: los programas que yo hice, la explicación de qué es «programar», las páginas web y demás cosas que a mí me encantan, a él no le despertaron ni el más mínimo interés. Para él era aburrido, inentendible e inútil. Sólo sirvió para ahondar el agujero negro que engloba «no sé a qué carajo se dedica mi hijo, algo de computadoras».

Noté también que le costó comprender el concepto de «internet», para él, todo lo que le mostré estaba «adentro» de la notebook de Neri. Tal vez colaboró a formar esa idea el hecho de que sea todo por wifi, todo sin cables y acostados en la cama o echados en el sofá.

La cuestión es que, a mí todo esto me mataba de la ternura. De por sí, mi viejo ya genera eso con su sola presencia, porque es tan genuino y bonachón (qué más decir que le dice «mami» a mi abuela) que te enamora. Imagínense la personalidad de Gokú de Dragon Ball Z y no van a estar muy lejos.

Cuando se me ocurrió twittear sobre esto, varios me contestaron que habían vivido una experiencia similar con sus padres alguna vez. Por eso decidí escribir este post, para que los que se animen cuenten en algún comentario esas experiencias y anécdotas.

O a lo mejor, les pasa como a mi amigo Pablo, cuyo padre, recién jubilado, está aprendiendo computación a lo loco, y en tan poco tiempo ya sabe un montón. Incluso pareciera que busca cosas para sorprendernos a su hijo y a mí… y lo peor de todo es que a veces lo consigue. Bromeo a veces, con mi amigo y le digo «tu viejo el hacker sabe más que vos y yo juntos, pero se hace el boludo para que no nos sintamos tan mal»

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