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El Cloud Computing es una pésima idea

Iba a titular este post “las páginas web no deberían existir”, para que vean lo extremo que soy en este pensamiento anti-nube. Luego pensé otro título, más agresivo y marketinero “El Cloud Computing es una idea estúpida”; a lo mejor debí suavizarlo poniendo “El Cloud Computing, a mí, me parece, es una mala idea: a mí no me gusta”, por las dudas que venga alguien a quejarse de los títulos que le pongo a mis posts. Además, en última instancia, les doy a ustedes la oportunidad de decir que la alternativa al cloud computing que les quiero presentar les parece más estúpida aún.
Pero la idea sigue siendo la misma, sin importar el título. En un post anterior sobre la ineficiencia informática les adelantaba un poco el tema:

Es que ya el concepto de página web es un uso ineficiente de la informática. Piénsenlo: están en una página web cualquiera, por ejemplo, este mismo blog, y quieren pasar a la página 2 para leer los artículos más viejos, y ¿qué viaja desde mi servidor hasta sus computadoras? ¿El texto del nuevo artículo solamente? ¡No! Viaja la página entera, el código HTML entero de la nueva página, que es exactamente igual a la anterior, salvo por el texto del nuevo artículo. No viaja sólo la información, viaja toda la página, salvo alguna imagen o pequeña cosita que está en tu caché. (creo que ni en sitios que hacen uso intensivo de ajax como Gmail te salvás de esto). ¡Un desperdicio!

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Eficiencia Informática, software inflado y Ley de Wirth

Esto es una de esas cosas de la Informática que nunca entenderé:

Ley de Wirth

La Ley de Wirth podría considerarse tanto una parodia de la ley de Moore, como una descripción dura pero muy acertada de la realidad informática:

El software se ralentiza más deprisa de lo que se acelera el hardware.

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Los Famosos: distintos niveles

Advertencia: este post es muy pelotudo.

Cuando alguien me dice que vio un famoso, yo suelo preguntarle “¿de qué nivel?”. Porque los organizo mentalmente por grado de famositud según qué hacés si te los cruzás en la calle, cómo reaccionás al verlos, en una escala exponencial. Y si es alguien que me conoce, me contesta, sino, le explico:

Están los Famosos, a secas. Gente de la tele y el cine, la música y la política. Protagonistas y coprotagonistas. Son de nivel 10: si te cruzás con uno en la calle o un evento, lo parás y le pedís un autógrafo.

Están luego, los Muy Famosos. Gente de la tele y el cine, etc. Exclusivamente protagonistas, siempre tienen el papel principal en lo que hacen. Son de nivel 100: no te los cruzás en la calle, siempre están custodiados, viajan en auto polarizado; pero aún así, la gente los sigue e intenta alcanzarlos. Tienen fans.

Además, están las Estrellas. Gente de la tele, el cine y la política, etc. No sólo son protagonistas, sino que además son los únicos en el papel que representan. Son de nivel 1.000: sólo se cruzan con otros famosos, que le piden autógrafos y quieren sacarse fotos con ellos. Su secretaria es famosa, su peinador es famoso, su mucama era una actris famosa de los 70. No recuerdan cuándo fue la última vez que se cruzaron con un ser común y corriente como vos. Tienen varios clubs de fans, organizados y con personería jurídica.

Finalmente, están las Estrellas Internacionales. Gente de la tele y el cine, pero de Estados Unidos. Son famosos de Hollywood, los músicos y los deportistas del Olimpo. Pocos argentinos alcanzan este nivel, ni siquiera Susana. Para ser famoso internacional se deben cumplir dos condiciones: que te reconozcan por todo el mundo, y que te reconozcan otros famosos internacionales. Son de nivel 10.000: la única situación en la que se cruzan con gente común, es cuando caminan por una alfombra roja o salen de sus propios conciertos, pero aún así es casi imposible acercárseles.

Pero del otro lado del espectro, están los quasi-famosos:

Los reconocidos. Son de nivel 0,1: si te los cruzás por la calle, los reconocés, pero su nivel de “famosismo” (cosa distinta a la fama) no es suficiente como para que salgas corriendo a pedirles un autógrafo. Sólo te los quedás mirando o les sonreís levemente con la intención de decirles “si, te reconocí”. Acá podemos incluir a los actores de reparto, a los reporteros, a los esposos de famosas, al que hace un papel ridículo y denigrante en algún programa de la tarde, al locutor que de vez en cuando enfocan, a los actores de programas apenas vistos. Suele pasar que llegás a tu casa y le decís a tu familia “me crucé con un famoso recién, el que trabaja con Fulano en la novela esa de la tarde, el marido de Sultana, el pelado que hace de malo en tal película… ¿cómo se llamaba?”. La mayoría de los famosos, pertenecen a este grupo.

Los que salieron en la tele. Son de nivel 0,01. si te los cruzás por la calle, los reconocés, pero a medida que el tiempo va pasando, cada vez menos gente los recuerda, y por ende, no los reconocen. Este subgénero incluye a los extras, las estrellas de antaño, los que salieron en algún programa o alguna noticia haciendo alguna cosa rara y llamativa. Toda gente que obviamente, no merece tener un nivel propio, van todos acá.

Los populares de nicho. Tampoco merecen ser llamados “famosos”. Son de nivel 0,001: sólo los reconocen en su ambiente. Acá está el intendente de tu pueblito, el skater más famoso, el campeón nacional de bádminton, escritores, científicos, conferencistas, pintores, etc. La mayoría de estos se creen famosos y actúan como tales, pobres ilusos.

Los populares de Internet. Se podrían incluir en el nivel anterior, pero sólo porque me divierte pegarles en especial, porque los quiero y me dan esa sensación de ternura que te genera un chihuahua ladrando enojado, los ponemos en el nivel 0,0001. ok? Además, lo que los diferencia de los de otros nichos, es que estos realmente no admiten que son parte de un nicho. Realmente no se dan cuenta de que fuera de internet nadie los conoce, es más,  dentro de la internet, fuera de su ámbito particular, tampoco los conoce nadie. Acá caen los protagonistas de memes, muchos bloggers y taringueros, vloggers, artistas independientes o creative commons, twittstars, blogstars, forostars, chatstars, facebookstars, o incluso algunos que tuvieron suerte de salir en la tele.

En fin, los famosos son una pintoresca subespecie humana. Hay que tenerles cariño, son fuente inagotable de momentos de distracción y divertimento.

 

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Ser abstemio: la decisión de no tomar alcohol

Soy abstemio. Lo que significa, para el que no lo sepa, no bebo alcohol, nunca. Como sobre el tema no hay mucha información en Internet, se me ocurrió escribir un post al respecto; para compartir mi experiencia con ustedes, con aquellos a los que les interese leerlo, obvio.

En la adolescencia, esa edad en la que empezás a formar tu personalidad y a definir tu individualidad, parte de ese proceso, en mi caso, me llevó a decidir que no quería tomar alcohol. Porque como muchas cosas que hacemos o dejamos de hacer en la adolescencia, fue una decisión.

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