Un chiste muy ñoño que me hizo reír un rato. No se puede traducir, aunque se podría hacer uno muy, muy parecido en castellano, cambiando algunas frases.
Tengo una anécdota genial con un tamagotchi. Soy del interior del país, de Corrientes, y cuando terminé el secundario, me vine a Buenos Aires a estudiar. Mi hermanita menor, el día que viajaba, me regaló su querido tamagotchi y me insistió mucho con que «no lo dejes morir hasta que vuelvas». Mi padre es camionero,