La misteriosa extinción de los adjetivos

¡Es una conspiración! El Gobierno lo oculta, los grandes Medios de Comunicación se niegan a mencionarlo. La Iglesia no hace nada al respecto. A nadie parece importarle. Es uno de los más enigmáticos misterios de la Humanidad. Probablemente parte de un maléfico plan que involucra a los Iluminatti, los Skulls, la CIA, los Masones, El Fumador, D. Gibbons, los Visitantes, la Fundación Hanso, Massive Dynamics y hasta los Magios. Silenciosa e inexplicablemente,  como las abejas, los adjetivos humanos están desapareciendo. Víctimas de la peor de las extinciones: el olvido.

esta estatua tabuena
esta estatua «tabuena»

Los sustantivos, las cosas, las personas, los objetos, se han reducido a dos estados elementales: «tabueno» y «nacagada», representando el primero la absoluta bastedad de estados anímicos de agrado y siendo el segundo el término encargado de expresar toda la gama de disconformidades y desagrado.

¿Qué te pareció la película? «Ta buena». ¿Qué se siente fumarse un porro? «Tabueno». Describime a la hermana de Juan. «Tabuena». ¿Qué te pareció la comida que te preparé? «Tabuena». ¿Cuál es tu opinión sobre el último libro de Harry Potter? «U nacagada». ¿Cómo estuvo el clásico river-boca? «nacagada». ¿Cómo describirías la primavera? «Tabuena»

Existen además algunas variantes, mínimas, como «tabien», «u namierda», «lindo» o «megusta». Y así como la enorme variedad de adjetivos de nuestro idioma son asesinados y enterrados para luego ser reemplazado por estos usurpadores, así también ocurre con los sustantivos y los nombres propios, sustituidos por los nefastos «boludo», «jodeputa» y la copiosa familia «De Mierda». La mierda salpica todas nuestras diarias conversaciones, los pedos tiznan nuestras pláticas y la cagada embadurna nuestros más íntimos diálogos. Creo que no existe palabra española que no pueda sustituirse por una degeneración de la palabra mierda. ¡Y juro que me cago en el sorete humano que intente cagarme buscando una pedorra frase cagadora con tal de dejarme para la mierda!

Este es un fenómeno que ataca a todas las clases sociales por igual. No sólo la sufren los adolescentes y niños como algunos quisieran creer, es una epidemia que está diezmando los cerebros de al menos, las dos últimas generaciones de humanos. Ricos y pobres. Rubias y negritos. Gordos y anoréxicas.

Hace algún tiempo, leíamos con mi hermana un artículo en un diario que decía que el vocabulario de los adolescentes (siempre los malos de estas películas son ellos, pero hay que admitir que los adultos y mayores no se alejan demasiado) se había reducido considerablemente, que en promedio, usan sólo unas 350 palabras, menos de la mitad que hace 20 años, cuando el promedio calculado era de unas mil palabras. Desde entonces, siempre que decimos alguna palabra algo atípica (como «atípica») nos reímos y decimos «¡bien! ¡Más de 300 palabras!».

Y parece ser una pandemia. En España, por ejemplo, todo lo positivo «mola» y si no mola es malo. En EEUU las expresiones equivalentes serían «it’s OK» o «it’s fine» y en caso de disgusto, «it’s bullshit» y todos los tipos de shit que existen (que son muchos). Y a todo lo aderezan con una infinidad de deformaciones multiuso de la palabra «fuck».¡Fuck the fucking fucker or go fuck yourselve, fucked fucker! Ellos parecen estar más obsesionados con el sexo que con lo escatológico, sus insultos favoritos (dick, asshole y pussy) lo atestiguan:

Gran discurso paródico que juega con los distintos significados que se le da a dick, asshole, pussy y shit (pene, ano, vagina, y mierda; pero además idiota, maldito, cobarde y problema). Sólo para entendidos.

El asunto es que hoy en día cuesta encontrar personas que tengan opiniones más profundas, que expresen sus ideas en frases más largas. En cambio es muy sencillo encontrar en una charla cualquiera, personas abusando de todas las combinaciones posibles de bien, bueno, grande y lindo. Si dices bello, hermoso, exquisito, delicioso, gigantesco, exorbitante, majestuoso, aceptable, correcto, afable, benigno, espléndido, magnánimo, placentero, estupendo, perverso, pérfido, ladino, ruin, detestable… inmediatamente te miran con estupefacción. Y lo he vivido billones de veces. Nadie se escandaliza si digo «puta», o «mierda», pero se me quedan mirando como si les hubiera insultado las madres si digo «ecuánime» o «paupérrimo». Ni qué contarles de las veces que digo que una chica «esputa», absolutamente nadie capta la ironía (esputar = escupir) escondida en el lenguaje.

Pareciera que el gran porcentaje de sinónimos de nuestra profusa lengua han sido relegados a los libros, y de los viejos, porque incluso cuesta encontrarlas en libros más recientes donde las descripciones ya no se basan en adjetivos y metáforas, sino en imágenes visuales concretas y enumeraciones de sustantivos. Que un libro obligue a acompañar la lectura con un diccionario en la otra mano, hoy en día, está mal visto.

El grave problema es que las palabras son la representación de nuestras ideas. A menos palabras, menos riqueza en las ideas, a menos sinónimos, menor capacidad de diferenciar un concepto de otro similar. Y no es un problema sólo de adolescentes, porque si a un joven que se está formando le recriminamos que use sólo 300 palabras, también deberíamos recriminar algo a los adultos que no superan las 600. Sobre todo teniendo en cuenta que el idioma español cuenta con cientos de miles de palabras en su haber. Decir que todo «es lindo» o «está bueno» no da lugar a matices. Mientras más simple es nuestro lenguaje, más simple se vuelve nuestro pensamiento.

Por eso, abogo por eliminar el «boludo» que todos tenemos enquistado en nuestros labios. Terminemos con el reemplazo escatológico de palabras. Ampliemos nuestro vocabulario, no temamos usar cotidianamente miles de expresiones. Revivamos, cultivemos los adjetivos calificativos. Desempolvemos los sinónimos, los antónimos y parónimos. Conjuguemos con aquellos tiempos verbales que hubiésemos o hubiéremos abandonado después de que nuestra maestra nos había enseñado. Explayemos nuestras opiniones, que cuando nos pregunten «qué nos parece» algo, no salgan de nuestras bocas simples interjecciones. Expresemos nuestro agrado o desagrado con largas oraciones descriptivas e inteligentes.

No sé, al menos esa es mi propuesta… ¿qué les parece?

este artículo es libre. lo que significa que puedes copiarlo, modificarlo, usarlo. pero debes citar la fuente y mantener estas mismas libertades y mantener esta nota aclaratoria.

24 thoughts on “La misteriosa extinción de los adjetivos

  • Cradwel
    11 noviembre, 2009 at 12:33 pm

    Tabueno el artículo (?)
    Lo que pasa es namierda (?)

    Sin embargo, me parece algo irremediable… Es imposible intentar prevenir la decadencia del Lenguaje…
    Pero aunque sea podemos no caer en la misma suerte que el resto y conservar la belleza de nuestro Habla del mismo tal cual como decís: Explayamos nuestras ideas de la forma más rica posible, darle retórica a las cosas…
    No hablo de rellenar lo que se pueda y listo, sino de hacer más rico lo que decimos.

    Cuando tengo tiempo, soy habitué de un jueguito MMORPG(Lineage II)… Y todos los demás jugadores me critican lo mismo: Que escribo demasiado =P
    N3ri, no tenés idea de la perversión de la Lengua de Cervantes que hay en lugares así =/

  • lalala
    11 noviembre, 2009 at 1:14 pm

    ¿El Fumador no es de X-Files? ¿Por qué la burbujita dice Lost?

    ¡Qué confusión estroboscópica!

  • Nachox
    11 noviembre, 2009 at 1:30 pm

    Los tag son namierda, el puto fumador es de xfiles mierda, no de la cagada de Lost.
    😀

    Por lo demas, concuerdo totalmente. Se está perdiendo el idioma… y me parece que los celulares ayudan mucho a esto (y las publicidades de las telefonicas lo apañan y lo promueven). Yo mismo muchas veces termino resumiendo un sms porque me quiere cobrar 2 paginas, y supongo que algunos se acostumbran a eso y lo terminan usando en todos lados…

    Saludos

  • N3RI
    11 noviembre, 2009 at 1:43 pm

    lalala El fumador es de X Files, dice Lost porque me equivoqué. Corregido.

  • N3RI
    11 noviembre, 2009 at 1:46 pm

    Nachox, no creo que tenga que ver con los celulares, en los 90 la gente no se expresaba mucho mejor que ahora. Pero seguro que ayudan a agravar la situación.

  • cristianjav
    11 noviembre, 2009 at 5:34 pm

    Jaja muy cierto lo que decis, esto se va al tacho, pero bueno… es parte de nosotros y de los cambios en la sociedad, para revertir esto tenes que cambiar la sociedad y no creo que se pueda revertir todos los cambios sociales hasta la fecha. Y pienso que si tienen que ver (un poco) los celulares. No son culpables, pero si complices.

  • Gabamnml
    11 noviembre, 2009 at 6:55 pm

    Esto sucede ya que muy poca gente lee textos redactados correctamente.
    Una persona a la cual le apasiona leer (me incluyo ya que mientras mas puedo explayarme hablando y escribiendo lo mas correcto, mejor me siento animicamente) no comete tales exabruptos.
    Y esto se viene en picada producto de SMS, Blogs, Redes sociales, revistas tirando al chiste, etc…
    La supuesta «evolución humana» esta haciendo una especie de «downgrade» por mas que nos pese enormemente es así.
    Ya no se respetan los unos a los otros, llamar al otro boludo y un sinfín de barbaries se incluyen en esta caída en picada de la sociedad.

  • Thalskarth
    11 noviembre, 2009 at 7:04 pm

    Realmente es muy cierto!, cada día es más pobre nuestro lenguaje coloquial.

    Por cierto, éste que decís:

    El grave problema es que las palabras son la representación de nuestras ideas. A menos palabras, menos riqueza en las ideas, a menos sinónimos, menor capacidad de diferenciar un concepto de otro similar.

    Me hizo acordar mucho a la NeoSpeak de 1984, donde se simplifica el lenguaje, para así simplificar las ideas y que las mentes dejen de pensar.

    Muy buen artículo!

  • N3RI
    11 noviembre, 2009 at 8:19 pm

    Thalskarth, sí tiene mucho que ver con la neolengua, o mejor dicho la neolengua tiene mucho que ver con esta idea de que a menor lenguaje, menor libertad de ideas.

    Gabamnml, llamar al otro «boludo», no dista mucho de llamarlo «che». Es innegable que cada día estamos peor, pero tampoco carguemos todas las culpas en los jóvenes.
    Lo que sí es realmente cierto, es que la lectura de libros con palabras «difíciles» es la que enriquece el lenguaje de cada persona, si lo único que leés son blogs o revistas donde la riqueza en el léxico es mínima, nunca va a crecer tu vocabulario propio… y mucho menos si no leés nunca, ni siquiera los subtítulos de una película (como se quejaba Bart en algún capítulo de los Simpsons)

    Por eso no basta con leer, hay que leer buen material además.

    Gracias a todos por sus comentarios y su participación.

  • N3RI
    11 noviembre, 2009 at 8:26 pm

    Gabamnml, con lo que dijiste me hiciste acordar algo que quería poner en el texto y veo que me olvidé. Lo de «downgrade».
    Algo que noto también, es que con la informática y la internet, nuestro vocabulario se está ampliando un poco, pero son extranjerismos y siempre son SUSTANTIVOS, nunca adjetivos. La inmensa mayoría de estos términos nuevos, son sustantivos.

    Y con respecto a la eterna lucha «mouse o ratón», tengo una visión muy peculiar. Si por mi fuera, ni lo uno ni lo otro, inventaría nuevas palabras «castellanas».
    Porque es cierto que nos invade una lengua extranjera (aunque eso siempre pasó, o hablaríamos todos latín ahora mismo) pero también es cierto que los equivalentes en castellano o no expresan lo mismo (al decir «mouse» yo sé inmediatamente que no me refiero al animal, sino al aparato)
    Si fuera por mí, lo llamaría e-rat o algo parecido. jjajajaja

  • Mardel
    12 noviembre, 2009 at 2:10 pm

    Largas oraciones descriptivas e inteligentes…
    De acuerdo, pero sólo si deben serlo. Quiero decir q

  • Mardel
    12 noviembre, 2009 at 2:51 pm

    Carajo, se me disparó el Enter… je
    Decía que el asunto de la extensión y la riqueza en el hablar no debe ser tanto un propósito como una consecuencia. De nada sirve que me ponga a sembrar adjetivos en mis oraciones si éstos, en vez de esclarecer, enrarecen el sentido o incluso terminan combatiéndolo. Creo que es de Orwell aquella frase donde aconseja que, si puedes cortar una palabra, la cortes. Es decir, que más allá de que si algo se puede expresar en oraciones profusas o concisas, lo primordial es ser precisos.
    «Tabueno» o «nacagada» (y equivalentes) son lamentables, más que por su pobreza, por su mera imprecisión: no dicen realmente, exactamente, lo que (suponemos) intenta expresar quien las formula, por lo que muy poco o nada comunican al que las recibe, logrando que ambos se pierdan de toda la gama de matices que un simple adjetivo, por ejemplo, o una metáfora oportuna (que jamás agote sus posibilidades retóricas) pueden transmitir.
    En efecto, la imprecisión en el hablar es ocasionada por simple falta de vocabulario, pero la reducción a fórmulas tan nefastas como las mencionadas no es mas que una entre sus tantas consecuencias. En el lado opuesto, por ejemplo, están la verborrea y el uso arbitrario de palabras que se emplean nomás «porque suenan bien», «porque me hacen ver inteligente».
    Y así nos vamos…

  • No tan fumado
    12 noviembre, 2009 at 5:24 pm

    No es tan fumada su observación estimado profeta.
    La reducción de palabras y su consecuencia en la concepción de ideas es una cagada.
    Orwel novela sobre esta situación en su obra 1984 la cual denomina «neolengua» http://es.wikipedia.org/wiki/Neolengua
    Aunque si una neolengua con vocablos reducidos achata las ideas, las mismas terminan convergiendo por no poder detectarse los diferentes matices?, no seria esa una forma de, al unificar el pensamiento, se eliminen las diferencias entre las sociedades?
    La evolución puede llevarnos a lugares inesperados… una sociedad futura, mas ignorante pero mas unida. No seria mejor?

  • Mardel
    12 noviembre, 2009 at 6:29 pm

    No.
    Si la condición para la unión es la ignorancia, tal unión sólo sería, por decirlo de algún modo, apelmazamiento (y -jugando con las acepciones- de pelmazos superficialmente informados). Tal vez esa sociedad futura sería más pacífica, pero en poco se distinguiría de un mero rebaño, y ya sabemos que nunca faltan pastores emergentes dispuestos a llevarnos a eso que llaman «bien común».
    Supongamos esa sociedad: aun consintiendo que esa «unificación del pensamiento» se diera una vez superadas la ignorancia, la mediocridad y el aventajamiento, ¿qué se compartiría, qué se «comerciaría», si las ideas se habrán homologado tal que ya no difieran unas de otras?
    Por supuesto que creo en las afinidades, en la empatía, pero jamás a costa de la individualidad. Además, la supresión total de ésta a cambio de la comunión invita a ser irresponsables: no importa si yo cometo un crimen: en realidad no soy «yo», sino «nosotros», quienes lo cometemos. Y, dicho de paso, ni siquiera sería tomado como crimen: tener el consenso de mis pares lo convertiría en un simple fenómeno social (y creo que ya bastante hemos tenido de eso).
    Pero nos hemos ido lejísimos. Yo a lo que me refiero en el anterior comentario es a que siempre será plausible que se aproveche la riqueza de los idiomas, y sobre todo en defensa de éste nuestro, tan dúctil y generoso, con tanta diversidad, tantas texturas, pero siempre evitando el riesgo de «rizar el rizo» (como le gusta decir al poeta Antonio Deltoro cuando critica barroquismos innecesarios).
    Mira a tantos críticos de arte, políticos populacheros y comentaristas deportivos que, en su intento por darle cuerpo a sus discursos, se llenan la boca de hipérboles incongruentes y términos que ni al caso, que articulan sólo porque los vieron o escucharon por ahí y jamás se preocuparon por confirmar su significado exacto. Y nosotros aprendemos de ellos, y nos enseñamos mutuamente, y nos «interviciamos» hasta terminar diciendo con una palabra algo completamente diferente a lo que de inicio intentábamos decir.
    Son una maravilla los adjetivos. Los de habla española casi lo habíamos olvidado hasta que Borges vino a recordarnos su luminosidad. Yo estoy contigo: algo que es terrible, es terrible; algo que majestuoso, majestuoso. ¿Por qué no agradecer el idioma que nos tocó explorando sus innumerables registros?
    Ahora que, si en verdad algo es una cagada, no hay más, hay que decirlo: es una reverenda y fenomenal e inequívoca e indiscutible cagada.

  • No tan fumado (reload)
    12 noviembre, 2009 at 8:41 pm

    Mi neolengua hizo que ignorancia se tomara en un sentido peyorativo, quizas por que nos paramos desde el punto que es sabio (o informado) aquel que posee una rica prosa y por lo tanto sabe expresar mejor sus ideas.

    Imagina un futuro cercano donde los idiomas se fundan y simplifiquen, no solo por la eliminación de adjetivos, sino por la incorporación de palabras extranjeras al lenguaje.

    Una nueva neolengua, el ingles simplificado o quizas otra que logre imponerse.

    Lo primero que sucederia es una mayor incorporación de conceptos e ideas, al facilitar la comunicación.

    Ojala pudieramos hablar fluidamente con chinos, hindues, arabes o rusos, no solo de lenguas occidentales se trata.

    Pasado años, quizas no muchos, nos encontrariamos nuevamente con la necesdad de simplificar el lenguaje, eliminando excesivos terminos locales. Aparece otra vez el dilema de eliminar adjetivos.

    Volvemos a simplificar el lenguaje, eliminamos conceptos que nos diferencien, achatamos el lenguaje. Apelmazamos, pero avanzamos.

    Nuestros tatarabuelos se horrorizarian al decir «estos ignorantes, hablan con 5 vocablos cuando nosotros teniamos 1200 en el idioma»

    Los tataranietos diran… «yo puedo hablar con mas gente, si, soy mas ignorante en el sentido de la cantidad de vocablos, pero tengo mas conceptos que el que solo habla con un conjunto reducido de personas».

    Si creemos en las teorias conspirativas, pensaremos que mentes siniestras dominarán el lenguaje, y dominarán el pensamiento.
    Pero eso dejemoslo para las novelas.

    Lo que si es inevitable es una reducción de las diferencias, pensamiento más plano, y con plano no quiero decir peor, simplemente, mas igual

    Menor individualismo, mayor pensamiento colectivo.

    Me parece «que ta bueno» reducir el lenguaje.

    Gente «boluda» existira siempre, usen 5 o 1200 palabras.

    Quizas solo se trate de usar la palabra ignorante como aquel que ignora conceptos superfluos, como adjetivos innecesarios, si estos fueran importantes, nos los dejara pasar de largo.

  • Mardel
    12 noviembre, 2009 at 9:01 pm

    Je, pues mira, por lo pronto parece que no voy a ser parte de esa sociedad futura tuya: aún hay dos que tres cosas en las que no puedo estar de acuerdo contigo.
    Pero aquí le paro, que si no, va a venir N3RI a regañarme con no sé cuántos adjetivos de ésos que se sabe por agarrar su página de palestra.
    C/F

  • Ayma
    14 noviembre, 2009 at 12:27 pm

    Muy interesante el artículo, pero quería comentar un par de cosas. El vocabulario continúa adquiriéndose durante toda la vida. Un chico en edad escolar maneja alrededor de 350 palabras, pero comprende muchísimas más. Lo mismo pasa con nosotros, puede que hablemos con un vocabulario determinado, pero lejos estamos de perder tremenda cantidad de palabras. De lo contrario no podríamos leer y entender cualquier texto que utilice un léxico que no es tan cotidiano. Hay que diferenciar también el lenguaje oral del escrito
    En mi opinión, el lenguaje nunca se degrada, sino que muta. Si tenemos en cuenta que usamos el lenguaje para comunicarnos, siempre va a estar ligado a cuestiones prágmaticas y culturales. Si nos ponemos a pensar, estamos muy marcados por la velocidad y la brevedad de los tiempos. Esto se traslada también a nuestro lenguaje. Vamos a tender siempre a la economía de recursos. En nuestras mentes tenemos almacenadas palabras prototípicas para cada cosa y recurrir a esos prototipos significa menos tiempo y esfuerzo cognitivo. Entonces, acostumbrados a una época en la que esta inmediatez prácticamente nos determina, no es raro que se dejen de lado los adjetivos y adverbios (muchas veces desechables, desde el punto de vista sintáctico) y que se recurra siempre a las mismas palabras, las primeras que vienen a la mente y las de mayor rapidez de comprensión.
    Por eso mismo es que no lo veo como algo negativo; porque el lenguaje no eso que adorna nuestras ideas, sino (como ya lo han dicho) es eso que las representa y nos permite exteriorizarlas. Y tenemos un pensamiento bastante minimalista y eso tiene que reflejarse en alguna parte.
    En fin, estos son temas que me interesan bastante y quería dar una perspectiva lingüística.

  • N3RI
    14 noviembre, 2009 at 3:28 pm

    sin embargo, una queja típica de profesores universitarios es que «los jóvenes no saben comprender textos».
    lo que demuestra es que además del vocabulario usado cotidianamente, también se está empobreciendo el vocabulario que se es capaz de comprender.

    Y los adjetivos distan muchísimo de ser simples adornos innecesarios. cumplen una función importante, al igual que los sinónimos. Aunque dos palabras se parezcan, no son lo mismo.

    Por eso digo que pareciera que todo es «lindo» o «bueno». Los adjetivos «multiuso» por excelencia.

  • Thrall
    19 noviembre, 2009 at 11:32 pm

    No era eso la neolengua?

  • N3RI
    21 noviembre, 2009 at 7:13 am

    Thrall, efectivamente, varios hemos notado la similitud con la neolengua de 1984. La única diferencia es que en ese caso el Gobierno lo hacía a través de la imposición por la fuerza. En nuestro caso, lo hacemos nosotros mismos, olvidándonos de la educación.

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